En la serie Bubble gum, la ligereza de un gesto cotidiano y festivo irrumpe para dinamitar la solemne seriedad del retrato icónico o institucional. El volumen expansivo del chicle introduce una nota de color pop y textura orgánica que subvierte el rigor milimétrico del Op Art, generando un diálogo irreverente, irónico y sarcástico con la cultura de masas. Una obra que desmonta el pedestal de la celebridad con una sonrisa cómplice y agridulce, recordándonos que el arte también sabe reírse de sus propios mitos.