Hay un espacio donde las reglas del diseño, los manuales técnicos y los corsés de lo convencional se quedan al otro lado de la puerta. Este rincón funciona como un diario de bitácora íntimo, un laboratorio abierto donde doy rienda suelta a la curiosidad más pura. Aquí no busco el aplauso del escaparate oficial ni sigo caminos predeterminados; cruzo los límites entre el diseño gráfico, la tipografía, la fotografía y el op art con absoluta libertad. Este archivo recopila esas exploraciones errantes, los experimentos que nacen de una chispa improvisada, las pruebas de ensayo y error y los hallazgos inesperados que surgen cuando te atreves a jugar sin red. Al final, este cuaderno de notas visuales es el latido real de mi proceso creativo, un registro honesto de todo aquello que ocurre cuando dejas de buscar el sentido común y te lanzas a explorar lo insólito.
Mauricio desplegable

A veces la curiosidad te arrastra por caminos tan absurdos como fascinantes. Allá por 2012, andaba experimentando con secuencias de imágenes y necesitaba un conejillo de indias que tuviera paciencia infinita; por supuesto, mi hermano fue el elegido. Lo senté en una silla de oficina, planté la cámara firme en el trípode justo enfrente y comencé a disparar mientras lo giraba lentamente hasta completar una vuelta de 360 grados.
El verdadero reto vino después, frente a la pantalla. Con diecinueve fotografías en la mano, me propuse hacer de cartógrafo con su anatomía: las abrí y las acoplé en Photoshop con la idea fija de aplanarlo todo, convirtiendo su cabeza en una especie de planisferio o atlas plano. Ver cómo el rostro quedaba anclado en el centro, las orejas flanqueaban los laterales y la nuca se desdoblaba en los márgenes fue una revelación tan extraña como hipnótica.
Al final, jugar a deformar la realidad de esta manera te demuestra que las mejores ideas nacen justo cuando dejas de buscar el sentido común y te atreves a explorar el rincón más insólito.