Si el dibujo es el esqueleto de la mirada, la pintura representa el primer gran salto hacia la materia, el color y la atmósfera. Estas obras hechas entre 1997 y 1998 representan la etapa en la que comencé a explorar las posibilidades del óleo sobre tablero y lienzo. Es el territorio del descubrimiento del pincel: la forma en que la pasta cromática modela un cuerpo en penumbra, la energía vibrante de una figura en movimiento o la sutil danza de la luz filtrándose entre la naturaleza. Estas obras conservan la honestidad y la frescura de esa primera exploración pictórica, donde el color comenzó a latir con voz propia.



