Si en las Pinturas asistíamos al primer pulso con la materia y la luz, la tinta se revela aquí como el territorio del trazo esencial, el gesto liberado y la respiración monocroma. Estas obras exploran la tensión pura entre el negro y el vacío, donde la mancha de tinta y el papel entablan un diálogo sin red. Es la huida de lo superfluo: un lenguaje donde cada línea, salpicadura o veladura busca la máxima intensidad expresiva con el mínimo artificio, atrapando la energía directa del instante creador.












